Las personas llegan a consulta individual hablando del malestar que sienten en sus vidas. Vienen buscando entender y resolver lo que les pasa.
La mayoría de las veces asumen que el problema está en ellas, sintiendo que “algo me pasa” o “algo anda mal en mí”, lo que puede llevar consigo, además, un sentimiento de culpa.
Y claro, nosotros tenemos que ver con lo que estamos viviendo. Sin embargo, también hay algo importante que hoy quiero visibilizar:
A veces, el origen del malestar solo se comprende cuando ampliamos la mirada y tenemos en cuenta el contexto.
Por ejemplo, cuando el entorno laboral de una persona es demasiado exigente, el cuerpo y la mente comienzan a emitir señales de alarma.
Y con mucha frecuencia normalizamos esos entornos laborales hiperexigentes.
Buscamos la causa del malestar en el interior, sin contemplar que ciertas cosas en el entorno profesional están dejando de ser saludables.
Cuando bajamos el ritmo y nos detenemos a mirar con calma, las señales del cuerpo y sus mensajes se vuelven más comprensibles.
Y esto cambia mucho las cosas, porque cuando entiendes mejor lo que te ocurre, empiezas a mirarlo de otra manera.
Esto se ve muchas veces en situaciones muy cotidianas.
Ayer, sin ir más lejos, durante un taller de crecimiento personal (que yo no impartía, sino en el que participaba), una mujer nos regaló esta frase: “estoy sosteniendo el cansancio”.
Impactante.
A veces el cansancio, el malestar, incluso el desequilibrio psicológico, nace de todo lo que estamos sosteniendo en el trabajo, sin darnos cuenta.
Ritmos que no son los nuestros, presión excesiva, competición por el reconocimiento, carreras de obstáculos, ausencia de valores humanos, poca comprensión…
Atender lo que ocurre a nivel humano en el entorno laboral es, en realidad, cuidar a las personas y a las empresas a la vez.
Entender el contexto en el que nos movemos es, muchas veces, el primer paso para empezar a cambiar lo que estamos viviendo.
